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Esta frase, que parece sacada de una entrevista entre Cristina y Macri, la escuché hace un rato, pronunciada por uno de los personajes eventuales de la película "Sherlock Holmes" (Part II).
Por otra parte, debo decir que disfruté muchísimo de la pelí, porque como ya he comentado varias veces, prefiero buenas imágenes y estéticos efectos especiales a una trama densa y retorcida, por muy lacaniana que sea la propuesta del director. A diferencia de la primera, que era obvia y aburrida, esta segunda parte tiene los condimentos que uno espera encontrar en una película de acción del siglo XXI. Los efectos especiales ya no se reducen a carreras de autos que vuelan por el aire o aviones que explotan sobre el mar Caribe. Esta vez las balas atraviesan pictóricos bosques nevados, agrisados por la ventisca y los castillos cuelgan como aguafuertes en las montañas, sostenidos por una tremenda catarata de agua grisazulada.Tal vez esté diciendo una boludez y ese castillo existe en la realidad, de ser así, me gustaría saber en qué lugar de Suizá está enclavado. Un detalle, los colores varían según las escenas, entre marrones y ocres o grises aguados.
Pero volviendo a la frase del inicio, cuando la escuché me quedé colgada en nuestro pasado y presente y si seguimos así, futuro de país. Recordé, por ejemplo, como Inglaterra dirigió nuestra política desde el mismo día que puso los pies en estas tierras allá por el 1700, si no antes; como las invasiones inglesas no fueron invasiones sino una estrategia de acercamiento para tantear al establishment criollo, ya que muchos generales ingleses pasaron posteriormente a formar parte de los incipientes ejércitos criollos; y, aquí va parte de la historia que ni siquiera Pigna nos contó, como Gran Bretaña dirigió las campañas libertadoras a través de sus emisarios: San Martín y Bolivar. Nunca entendí por qué los investigadores que disfrutan de interesantes becas en Londres, jamás se acercaron al Foreign Office a revisar la correspondencia que el gobierno inglés intercambiaba con San Martín y Bolivar, coordinando, desde el imperio, las acciones bélicas de nuestros supuestos desinteresados patriotas.
La famosa y secreta entrevista de Guayaquil no fue tan secreta, don José recibió la orden del gobierno inglés de entregarle el mando a Bolivar, ya que la imagen de este último era más popular. Entregado el bastón, o la espada, don José se tomó un buque, no a Francia, como nos cuenta la historia oficial, sino a Londres, donde pasó a formar parte del ejército británico, hasta que se retiró. Fue en ese momento cuando se instaló en Boulogne. En una de las cartas que el gobierno británico envió a estos muchachos, ya no recuerdo a cuál de ellos, se ponía especial énfasis en remarcar que a Inglaterra no le interesaba el poder político en América, sino "simplemente" la liberación del comercio, hasta ese momento mediado por los Borbones, en, por supuesto, beneficio de la corona británica.
Estas cartas, además de estar en los archivos del Foreign Office, están en una recopilación de Sandoval, un historiador venezolano, y una edición de esta compilación se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Mar del Plata, en la sección de "incunables".
Todo esto recordaba yo a partir de la fracesita pronunciada en la peli, y hubo otra frase, dicha por el "villano", algo así como "aunque a mi me mates nada de esto va a cambiar, porque el inconciente humano (no sé si hay inconciente animal) siempre busca el conflicto", y el propio interés, diría Adam Smith.
Esto es lo que puede una frase dicha en el momento justo, en una película que hay que ver para disfrutar. Como escribió uno de los críticos de la peli: "puristas abstenerse"


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