06/07/2011

Lo que no se ve ¿no existe?


La vida no es una película yanqui, eso es lo que siempre digo. Lástima, porque Irma era una chica feliz, que disfrutaba de su profesión y hacía lo posible para que su cliente se sintiera espiritualmente satisfecho.
A Irma nadie la obligaba, nadie la maltrataba y además Irma era Irma, no había perdido su identidad. Ella se paseaba por las calles, ofreciendo su sonrisa  y su ternura. No estaba en un cuartucho inmundo, pasándose un tío tras otros, hora tras hora, día tras día.

Pero no nos engañemos, con trata o sin trata, ninguna prostituta elige la profesión, llega a ella por distintos caminos. El tema de la trata es infrahumano, la falta de opciones, también.