Leí "Los destinos sentimentales" en 1989, y me sorprendió descubrir que Chardonne había construido esa novela como si fuera un guión. Existe una clara estructura narrativa sonora, un amplio número de escenas con diálogos y sentí que esto podía llevarme a un tipo bien específico de tema cinematográfico. Una cosa que siempre me ha emocionado es el paso del tiempo, la forma en que las relaciones se establecen y se destruyen, la manera en que el mundo cambia, en que nosotros cambiamos y cómo las cosas se pierden. Todo esto me afecta profundamente, y lo encontré de una manera casi inesperada, ideal y perfecta en esta novela. Me di cuenta que si deseaba contar esta historia, no iba a ser capaz de hacerlo mejor de otra forma. Y posiblemente podría utilizar la emoción que sentí al leerla rodando un film, concluye.
Además de la historia de amor, el filme rescata otra historia, la de las transformaciones económicas que produjo la primera guerra mundial y que se reflejó sobre todo en los cambios en la cultura material. Los Barnery son propietarios de una empresa familiar que se dedica a la fabricación artesanal de porcelana del tipo Limoges en la Charente, región vitivinícola de Francia. Como el resto de los fabricantes de objetos suntuarios deben afrontar los nuevos desafíos económicos para competir en el mercado de producción y consumo de América del Norte. Estos desafíos no solo implican la introducción de innovaciones en la tecnología, sino también en las formas de gerenciamiento y en las relaciones laborales. Esto afectará las relaciones familiares de los Barnery. El funcionamiento de la fábrica y la manufactura de la porcelana tal como se realizaba a principios del siglo pasado, es uno de los encantos del filme.


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